jueves, 15 de enero de 2015

Capitulo 4- Un techo

-¡Leila!-Nada.- ¡Leila somos nosotros, por favor abre!-

-Dali, no responde, tenemos que entrar por alguna ventana o por la puerta trasera, debe estar en más problemas que nosotros.-

-Tienes razón, veré si las ventanas están abiertas tu comprueba si la puerta trasera está abierta, por favor ten cuidado, y apresúrate.-Con cara de preocupación Alex me dio un corto beso en los labios y se fue corriendo.

Las ventanas que se encontraban a ambos lados de la puerta estaban cerradas, y Leila seguía sin dar señales, me daba mucho miedo.

-¡Dalila! Por aquí está abierto date prisa.-

Miré a ambos lados de la vereda y a mis admiradores muertos se le sumaron unos veinte mas, corrí hacia la voz de Alex que provenía de lo que parecía ser la puerta trasera. Ciertamente ahí me esperaba con la puerta abierta para mí.

-Shh.-Alex comenzó a susurrar.- Esta muy callado debemos mantener esto así, tu busca a Leila yo aseguraré esta puerta por si acaso.-

Entre por la cocina, y nada, el living, nada, y el comedor tampoco, donde se encontraban todos.

-¡Auxilioo!- Era Leila, miré a Alex y me hizo señas de que también lo había escuchado, dejó los clavos y en su lugar tomó el martillo y caminamos de puntillas hasta la segunda planta.

-Creo que proviene de la habitación de su abuela, esa vieja loca.- Susurrè.

-¡Ayuda!-Otra vez.

-Tu abre la puerta, y yo entrare y le partiré el cráneo, ¿De acuerdo?-

-Como tú te sientas más cómodo.-

Abrí la puerta, y Alex entró, no veíamos a Leila, pero si a una abuela muy fastidiada golpeando su armario.

-Leila, ¿Estás ahí?-

-¡Estoy adentro del armario, por favor ayudenmeee!-

La abuela Ana giró en nuestra dirección y venia a por nosotros, sus presas frescas.

-Dale duro Alex.-

Sin pensarlo dos veces, hizo dos pasos y la agarró por el cuello estampándola contra la pared y la golpeó repetidamente, hasta que su frente y sus ojos eran un solo, metido hacia dentro.

-Qué asco Alex, eres un sucio morboso.-

-Y follo como los dioses eso te faltó.-

-Iré a buscar a Leila, tu…tu ve que haces con ese cadáver.-

Abrí el armario rosa pastel de su abuela y salió desesperada a abrazarme.

-Oh, gracias a Dios aparecieron justo a tiempo, le había traído sus pastillas para la 
presión y… y me atacó.-

-Leila, no sé qué está pasando, pero la única explicación racional que sacamos con 
Alex fue que son Zombis.-

-¿Zombis?-Preguntó irónicamente.- ¿Eso no es imposible?-

-Díselo a la gente de la Marcha Zombie que espera afuera de tu casa, mira.-Leila se asomo por la ventana y vio todos los muertos vivientes que se encontraban afuera, aporreando su puerta.- Esos son, ¿No es maravillosamente terrorífico?-

Alex atravesaba la habitación tomando el cadáver por los brazos y arrastrándolo por el 
suelo.

-Ajam, justamente eso estaba pensando, es maravilloso… ¿Cómo lograron llegar aquí a salvo?-

-Fue una hazaña digna de contarles a mis próximos nietos, Alex uso mi tacón para defenderse, ¿Te lo imaginas? Fue más gracioso de lo que piensas.-Alex me miró con ojos achinados.- Mientras ambos buscábamos una moto para llegar hasta aquí teníamos que esquivar la gente desesperada, los coches y obviamente a los zombis, cabe aclarar que yo la conseguí y que Alex estaba pegándole a una mujer en su cráneo con mi tacón, yo hacía todo el trabajo, en fin manejamos hasta aquí y entramos por tu puerta trasera.-

Alex levantó la cabeza y me miro con los ojos como platos.

-¡La puerta trasera Dalila!, No la cerramos.-

Bajamos corriendo con mucha prisa las escaleras, Alex fue hacia la puerta, Leila y yo fuimos a revisar que hubiera entrado ninguno.

Por suerte a simple vista no se encontraba ningún come cerebros.

-Ayuda por aquí.-

Alex estaba intentando cerrar la puerta pero dos extremidades, precisamente un brazo y una pierna no lo dejaban hacerlo, al menos solo era una de las abominaciones, y no todos los que estaban en la puerta principal.

-Leila pásame un cuchillo, un tenedor o lo que tengas que sea punzante a mano.-

Leila volvió en un abrir y cerrar de ojos con un paraguas en su mano, tenía una punta digna, que seguro la abuela hubiera dicho que atraería rayos en una verdadera tormenta.

-Alex a la cuenta de tres córrete de la puerta, y apenas entre la cierras y comienzas a sellarla.- Alex asintió y no mostraba duda alguna hacia ella.- 1…2… ¡3!-

Alex abrió la puerta, y lo que parecía ser el jardinero de la señora Johnson avanzaba torpemente por la casa, era rápido, pero no lo suficiente para poder golpearlo, Dalila hizo dos pasos hacia el jardinero y golpeo su rodilla para hacerlo caer y le clavó la punta del paraguas en el (entrecejo); todo el piso alrededor de su cabeza se cubrió de sangre putrefacta.

-Esto está listo Leila, estamos seguros por ahora, pero necesitaremos abastecernos de armas y comida si queremos que este sea nuestro refugio.-

-¿Mi casa el refugio? ¿Porque no el de Dali o tu departamento?-

-Dalila vive lejos y me departamento es un lugar donde vive mucha gente, y seguro ya están muertos o mejor dicho vueltos a la vida.-

-De acuerdo, el supermercado más cercano de encuentra a 5 cuadras, y una armería, mmm… jamás compré armas, así que no sé donde hay, pero en internet puedo encontrar.-

-El lugar donde el grupo compra armas queda a 5 calles, jamás llegaríamos con vida, así que ese lugar queda descartado, ¿Tienes idea de algún otro lugar Ali?-

-No, pero podemos hacer lo que dice Leila, últimamente son muy buscados esos lugares.-

Leila fue a su habitación a buscar alguna armería dentro de nuestro alcance, Alex y yo hacíamos el plano de escape, se nos daba muy bien esto de hacer planos para entrar a algún lugar, pero en vez de cubrir cámaras y guardias contábamos con la desconocida cantidad de muertos, o vivos no muy amigables.

Leila bajo corriendo los escalones con una hoja en mano.

-Lo tengo, una pequeña armería.-Dijo al mismo tiempo que señalaba el papel con una foto y una dirección escrita en el.- Pero que podría abastecernos con lo básico hasta poder movernos y encontrar algo más grande y mejorar a prueba de zombis nuestra pequeña posada.-

-Piensas en grande pequeña Koala.- Había apodado así a Leila cuando tenían 5 años, no quería bajarse de su mama en jardín, era su primer día y nunca había ido a uno, y 
Dali le había dicho pareces un koala, tomaron confianza y fueron amigas hasta el día de hoy.- Solo por eso te dejare elegir que comer hoy, Alex no ayudó en nada.-

-Yo si ayude, tienes preferencia y eso no vale, total ni quería comer.-

-Creo que tendremos que comer todo lo que sea pueda echar a perder en corto plazo, y luego iremos por lo enlatados, tengo algo de verdura en el cajón de abajo, aprovechemos el gas que nos queda, y comamos unas papas fritas.-

-Si lo pones así comeré, pero a tu lado Leila, la otra chica me ha ofendido.-

-No hables estupideces, ¿Se dieron cuenta que nos lo estamos tomando demasiado bien?-

-Será porque no estamos afuera corriendo de un lado a otro, muchas personas están muriendo porque son demasiado estúpidas para quedarse en sus casas o encontrar una, no se dan cuenta que todos van a intentar salir de la ciudad, y la ruta va a estar llena, uno va a morder a otro y así hasta que todos se conviertan y la raza humana se extinga.-

-Eres muy realista Alex.- Lo miré con cara de desagrado.

-Y literal.- Finalizó Leila.

-Creo que mientras estemos juntos y armados hasta los dientes vamos a estar a salvo, recuerden Movimento è vita.-




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